PATRIARCA DEL FOLKLORE ARGENTINO

PATRIARCA DEL FOLKLORE ARGENTINO

LA QUEÑALITA chacarera

LA QUEñALITA

Lera de Felipe Corpos

Morena de mi esperanza
delirio de mi placer
tu amante yo quiero ser
sin que te quepen dudanzas.

Tu amante yo quiero ser
sin que te quepen dudanzas
te hablo con toda confianza
y te entrego mi sufrir.


Te hablo con toda confianza
y te entrego mi sufrir
yo quiero sacar el si
de tus labios tan dorados.

Yo quiero sacar el si
de tus labios tan dorados
porque vivo enamorado
desde el día en que te vi.

II

Al fin yo sigo esperando
de tus labios la respuesta
si tu querer poco cuesta
para no vivir penando.


Si tu querer poco cuesta
para no vivir penando
yo te diré desde cuando
desde hoy en adelante.


Yo te diré desde cuando
desde hoy en adelante
seré el varón más constante
más puro y más verdadero.

Seré el varón más constante
más puro y más verdadero
por eso tanto te quiero
me dedico a ser tu amante.

Felipe Benicio Corpos: uno de los fundadores junto a Sixto Palavecino y Vicente Salto de la Agrupación "ALERO QUICHUA SANTIAGUEÑO", poeta, quichua hablante, nacido en un paraje del Dpto. Figueroa, (zona quichua) de la provincia de Santiago del Estero, hijo de quichuistas en cuyo hogar tuvo la oportunidad de mamar la lengua quichua, criado hasta los nueve años, luego se traslada a la ciudad capital de Sgo. del Estero donde se radica definitivamente junto a sus padres completando sus estudios primarios y Secundarios. Más tarde se traslada a la ciudad de Córdoba para continuar sus estudios universitarios de abogacía hasta completar el tercer año. Regresa a la ciudad de santiago del Estero, y en el año 1968 conoce a Sixto Palavecino con quién mantiene un fluido diálogo hasta llegar a consolidar una amistad que le permitió afianzar sus ideas coincidentes con la de su amigo, para luego fundar Alero Quichua Santiagueño.
Así junto a don Sixto comienza su labor cultural dedicándose al estudio lingüístico, creando escuelas de quichua para la enseñanza en los niveles primario y secundario, paralelamente a esta actividad conduce programas radiales que tienen como fin difundir la música nativa de esta región y todas las costumbres del hombre de campo, mientras su labor literaria comienza a crecer y sus poemas musicalizados fueron grabados por numerosos solistas y conjuntos musicales, obras que encontraremos en el enlace de Poemas de esta página de Alero Quichua santiagueño.
Como conductor de Alero Quichua Santiagueño desde su nacimiento en 1968, estuvo dedicado al rescate, difusión y conservación de esta lengua, su música, poesía, costumbres, filosofía inca y todo lo relacionado con el quehacer tradicionalista del hombre de la región norteña. Propiciaba la Fundación de nuevos Aleros Quichuas en el interior de la provincia y en todo el territorio nacional, esto es junto a Sixto y Vicente Salto, consiguió fundar Los Aleros: Atamishquimanta; Cordobamanta (manta significa procedencia: de).Alero Quichua en Buenos Aires y en Tucumán, permitiendo de esta manera que todo aquél que haya tenido sensibilidad por conocer esta cultura, encuentre un rincón donde informarse y a su vez apoyar esta labor.
Su breve paso por esta vida terrenal, ha dejado un caudal de enseñanza cuyo contenido podemos apreciar en sus poemas y comentarios de gente de la cultura nacional, en documentos y archivos de la Dirección de Cultura Municipal y Provincial. Lo sorprende la muerte a los 39 años en un accidente, y fallece el día 13 de Diciembre de 1974.-

Fuente: http://www.aleroquichua.org.ar/sitio/quienes.php


BODAS DE ORO CON EL FOLKLORE


Había llegado el momento de su retiro pero don Andrés con el mismo entusiasmo y los mismos bríos al asesorarnos, nos imprimía ese entusiasmo inigualable. Visitaba los centros que lo invitaban, y así recorrió varias provincias y llegó hasta el Paraguay entre los años 1947 y siguientes.
Para entonces el pueblo le llamaba ya El Patriarca del Folklore . Grupos de gentes tradicionalistas conglomeradas en peñas y centros, les hacían padrinos a él y a su esposa, al inaugurarse dichas instituciones. Muchas de ellas llevan su nombre.
En ese andar tuvo que residir nuevamente casi un año (1955) en la Capital Federal pues el doctor Caro. Interventor Federal en nuestra provincia le pidió aceptara el cargo de Director de la Casa de Santiago en Buenos Aires y el de Delegado del Gobierno Provincial al Nacional. Después de un tiempo, los hijos le pedimos que renunciara porque sus años y el estado de salud de mi madre no les permitían estar lejos de nosotros.
Así las cosas llegó el año jubilar de las bodas de oro con su obra. Amigos y admiradores se organizaron en nuestra ciudad y juntamente con el Instituto de Folklore "Andrés Chazarreta" programaron la celebración. A todo esto se adhirieron otros actos de la Capital Federal y Rosario. De las programaciones de estos homenajes, incluyo aquí por orden cronológico los actos realizados y unas frases importantes de uno de los oradores, porque no es posible tampoco extractar los discursos y conferencias.

El 3 de noviembre de 1953. la escritora y poetisa Chita Leonard de Amaya, tiene a su cargo una conferencia en la Biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres y la titula: "El culto de la tradición en Andrés A. Chazarreta". Las ilustraciones musicales y coreográficas estuvieron a cargo del Conjunto Amancay y colaboró la poetisa y recitadora santiagueña Isabel Farias Gomes. Chita de Amaya entre otras palabras dijo: "Cuando el 29 de mayo de 1876 nacía Andrés Chazarreta, podríamos preguntarnos, ¿qué maravillosa conjunción de astros tuvo lugar aquel día sobre el boscaje y los llanos de la vetusta tierra santiagueña con su pasado romántico y pródigo? ¿Qué seculares divinidades quichuas recorrían por aquella fecha los solitarios paisajes provincianos en busca de un recién nacido para soplarle en los oídos y en la boca el aliento que inspira, la fe que impulsa, el amor que inmortaliza?"...
Los festejos en Santiago dan comienzo el 10 de noviembre, día de la tradición, con una conferencia en la Biblioteca Sarmiento a cargo del doctor Juan D. Chazarreta y cuyo título es el siguiente: "El folklore argentino a través de la obra de don Andrés A. Chazarreta en ocasión de sus bodas de oro con el arte 1905-1955"... "Era Chazarreta un predestinado, como que se asomó a la escena sin que nadie lo llamara. Nadie en el pueblo le había encomendado misión alguna, nadie le pagaba para que investigara sobre eso que la gente no consideraba ni música, ni arte. Don Andrés Chazarreta es en mi concepto la catedral maciza de nuestra música nacional vernácula. Es el misionero artístico que sale a predecir en América el oficio litúrgico de la música vernácula en la formación espiritual de su pueblo"...
El día 11, en los salones del Santiago Lawn Tennis Club, se sirve una cena. Rodean al maestro numerosos amigos y ofrece la demostración el presidente de la Comisión de Homenaje doctor Humberto Carral Tolosa. Finaliza con estas palabras: "Don Andrés. Señor de Santiago. Patriarca del Folklore: hubiese querido en esta oportunidad tener el verbo florido del poeta o haber bebido en la Salamanca grande el don del buen decir, para ponderar vuestras cualidades y virtudes. Corremos el telón don Andrés, esta es su fiesta" ...
El doctor Luis Billoud entrega un pergamino en nombre de los amigos: ... "Yo le digo empleando el arcaico idioma de los quichuas: Chacakinapi ckaas puris, puris ñaampi manañanisnyquita boliacus, mana saicusllapas chayanqui, que traducido al castellano significa: Mirando hacia adelante, caminando y caminando por los senderos, sin volver la mirada, has llegado sin siquiera cansarte. Feliz de ti que a la avanzada edad puedes aún ostentar entereza física para seguir luchando y que te queden todavía alas espirituales para seguir volando" ...
Don Sebastián Abal García, que fuera en 1918 uno de los fundadores del Primer Conjunto Infantil de Arte Nativo. entrega también un hermoso pergamino a don Andrés: ... "No podíamos estar ausentes tus niños del Primer Conjunto Infantil del año 1918 y al evocar aquel entonces, te rogamos nos aceptes este pergamino para que recuerdes que los niños de ayer y de hoy estarán siempre contigo"...
Al día siguiente, sábado 12 de noviembre, a las 11 lloras, se oficia una misa en acción de gracias en la Iglesia de La Merced, la celebra el Rdo. Padre fray Horacio B. Moyano Pérez. Al Evangelio dirige sentidas palabras: "En la celebración de un acontecimiento tan significativo que encierra la consagración de toda una vida al cultivo de un arte que nos pertenece por entero, evocado con aires de tradición y con riquezas de historia, habéis querido distinguido y noble hermano, venir al templo del Señor, en una advocación que ha sido siempre para ti objeto de singular veneración y de cristiano afecto: Nuestra Dulce Madre de Mercedes. Bien has hecho en reservar esta hora de gratitud espiritual porque el Señor supo bendecir tus afanes, esfuerzos y sacrificios. Yo me uno a vos en el agradecimiento como se unen vuestra digna esposa, vuestros lujos y demás familiares que rodeando Nuestra presencia en este acto comparten gloria semejante. La Merced está de fiesta porque vos lo estás... Eres un jalón de gloria en el corazón de la posteridad; has dignificado a la Iglesia y a la Patria porque eres un exponente de la riqueza tradicional de una raza"...
Ese mismo día en horas de la noche, don Andrés Chazarreta reunió en su casa a sus amigos para retribuir atenciones. Los ambientes y los patios de su residencia desbordaban de canastos de flores y esa noche fue feliz, muy feliz. Tocó la guitarra cuando le pidieron y bailó como nunca, casi hasta el amanecer.
Pocos días después los hijos y los nietos acompañábamos a nuestros padres hasta la ciudad de Rosario. Allí una comisión especial de folkloristas organizó un homenaje. El 18 de noviembre en el teatro el Círculo, con la asistencia de numerosas personalidades del folklore de varias provincias, se llevó a cabo un gran festival. El presidente de la comisión don Felipe Belén le hace entrega de un pergamino gigante y de una hermosa talla de un gaucho. "A este peregrino incansable —dijo Belén— que lleva cincuenta años de lucha, le debemos en gran parte lo que hoy es orgullo de nuestra nacionalidad: un folklore hermosísimo con todas las gamas de la espiritualidad humana".
Distintos actos, con visitas a peñas e instituciones tradicionalistas de Rosario formaron parte del programa que culminó con un almuerzo criollo en las instalaciones del Club Provincial.
La celebración de las bodas de oro del maestro tuvo como broche de oro una cena organizada por el Centro de Residentes Santiagueños en la Capital Federal. Ofreció la misma el doctor Juan Carlos Tassart: "Al estudiar su cuerpo como médico he descubierto en él una salud de roble, madera sana y noble, preferida por los artífices para sus mejores tallas, con un corazón sensible y afectuoso y un temple de acero, pero de carácter manso, sereno, equilibrado. Su espíritu es siempre elevado, puro y optimista, lleno de afanes idealistas, propio de los veinte años y admirable cuando se lo sabe consenar basta los ochenta sin una claudicación ni una mácula. En su alma se descubre esa luz cristalina que supo alumbrar esa intención estética de su vida con la noción exacta de la trascendencia patriótica de su gesta como un nuevo juglar de la raza".
Finalizaba el año jubilar de sus bodas de oro con el folklore. El viejo maestro quería despedirse del teatro y eligió para ello la Metrópoli, escenario de sus grandes éxitos.
Bajo mi dirección se organizó la Compañía de Arte Folklórico Andrés Chazarreta, dependiente del Departamento de Extensión Cultural de nuestro Instituto.
El 11 de octubre de 1956 hicimos nuestro debut en el Teatro Casino de la Capital Federal. Don Andrés se despedía entregándome a mí, antes de comenzar la función, la batuta de la orquesta. El poeta y escritor correntino Osvaldo Sosa Cordero tuvo hermosas palabras de elogio para la obra de don Andrés.
... "En las bodas de oro con tu obra, viejo querido.—dijo Sosa Cordero— llegas con la cabeza blanca como un copo de nieve, pero con el cuerpo y el alma en plena juventud y lleno de gloria. Dichoso de Agustín que la comparte, ya que dejas toda esa obra en sus manos. No cualquiera tiene la dicha de recibir herencia semejante"...
Mientras yo bajaba al foso de la orquesta, ésta me recibía con la "Zamba de Vargas", el público aplaudía sin cesar y una lluvia de flores caía a los pies del Patriarca. Puedes imaginarte lector, la emoción de esa noche. Bien dijo Osvaldo que "no cualquiera recibe herencia semejante".
Llevamos a escena durante casi un mes, "El alma del quebrachal", una revista mía sobre motivos vernáculos del norte argentino con un elenco numeroso y seleccionado de gente santiagueña. Recibimos los mejores elogios de público y prensa.
Así pasó por última vez ante los escenarios porteños, la patriarcal figura de Andrés A. Chazarreta porque todas las noches brindaba al público sus solos de guitarra. La noche del debut, cuando se abrió el telón, su figura surgía imponente de entre canastos y macizos de flores. No podía ser menos: ¡era su despedida y se lo tenía bien merecido!

(El Eterno Juglar - Agustin Chazarreta-)

LA SIETE DE ABRIL

Zamba Tradicional publicada por don Andrés Chazarreta, en su Primer Album Musical Santiagueño – 29 piezas Criollas para Piano y Canto – Año 1916- Registrado en la Biblioteca Nacional bajo el nº 15.043 página 731 del Libro 1- (Ley 7.092) y Editorial Ricordi (BA-9514) – nº 3/143 –
  • Letra de don Pedro Evaristo Díaz
Triste y con penas me voy,
Voy cantando esta canción,
buscando consuelo en esta zamba
porque me ha pedido el corazón

Lejos se escucha una voz
y ella dice en su cantar:
en aquellas noches silenciosas
canto, porque alivio mi pesar.

Otros andarán por ahí,
igualito como yo
cantando triste sus penas:
zamba sos mi canción
II
Como el perfume de flor
suave, acompasada sos;
has hecho bailar a tantos criollos
haciendo vivir la tradición

Tu melodía quizás
siempre ha sido para mí,
la que en muchas noches he soñado
y así te nombre Siete de Abril.

Don Pedro E. Díaz

Pedro Evaristo Díaz -Andrés Chazarreta

Constituye una de las primeras zambas registradas en SADAIC y publicadas en partituras para piano.
Por su bella y acompasada melodía, la mayoría de las Academias de Danzas Folklóricas del país la utiliza para la enseñanza de la “zamba” y su ritmo básico.-

Como bien lo dice una estrofa de su letra, compuesta por don Pedro Evaristo Díaz:

“Como el perfume de flor
suave, acompasada sos,
has hecho bailar a muchos criollos
haciendo vivir la tradición”

O cuando los Hermanos Abalos en su “Zamba Ñaupa” dicen:
Mucho de lo que fue
Sé que “aquisito” está
Como la “Siete de Abril”
Que ha sido y siempre será

Su nombre “Siete de Abril” conmemora el levantamiento de 1840 contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. El gobernador de Tucumán, Dr. Marcos Avellaneda encabezó el pronunciamiento de la llamada “Liga del Norte” con la famosa proclama del 7 de abril de 1840. Rosas envía al general Manuel Oribe y al Coronel Mariano Maza a reprimir a los insurrectos quienes al mando del general Juan Galo Lavalle son derrotados en Famaillá (Tucumán), huyen al norte y son alcanzados por Oribe en Metan (Salta), donde son fusilados y el cadáver de Avellaneda es decapitado. Su cabeza, llevada a Tucumán, es expuesta en la plaza principal de dicha ciudad durante varios días, frente a la Casa de Gobierno.-


Orquesta Nativa de don Andrés Chazarreta



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CRIOLLITA SANTIAGUEÑA






“Después vienen los otros, los que dicen: 'Tengo mi mensaje' y han escrito dos zambas, una chacarera y una canción de protesta y a eso le llaman 'mensaje'. Eso es falso. Mensaje es una vida. Mensaje es Tagore, mensaje es Cristo, mensaje son setenta y cinco años de Chazarreta tocando danzas y nunca hablando de mensaje; pero lo dejó..."



Criollita santiagueña,
morena linda,
por tí cantan los changos
sus vidalitas santiagueñas.
Criollita santiagueña:
negras pestañas,
flor de los chañarales,
en las mañanas santiagueñas.
Estribillo
Otros han de alabar
a las donosas de la ciudad.
Guarmicita del campo,
en esta tarde te quiero dar
esta zambita linda
como tus ojos, santiagueña.
II
Cuando vas a traer agua
de la represa,
endulzas con tu canto
todas las siestas santiagueñas.
Criollita santiagueña,
morena dulce,
siento cuando me besas
esa dulzura que da la miel.




Criollita Santiagueña- Grabado en vivo-Teatro Colón- 1972 - M.Sosa-Los Chalchaleros- Eduardo Falú- Jaime Torres y Domingo Cura



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TUCUMAN

( Una frustración....)

Don Andrés debió luchar duramente contra la incomprensión de quienes no sabían que de lo telúrico nace el carácter de una Nación.
Entre sus dolorosas frustaciones, se puede mencionar la gira que en el año 1911 inicio por TUCUMAN. Había contratado el Teatro BELGRANO.La primera función fue un gran éxito, con la sala colmada. pero al pretender dar la segunda función, se le presentó el empresario suspendiendola por orden del Intendente, ya que “ERA INDECOROSO QUE LAS BOTAS SUCIAS DE LOS PAISANOS PISARAN LAS TABLAS DONDE ASISTIA LO MAS ARISTOCRATICO DE LA SOCIEDAD...”


( Una reivindicación....)

Pero años mas tarde (1916) tuvo la gran satisfacción: Cuando asumió como Gobernador de Tucumán, el Dr. ERNESTO E, PADILLA lo invitó a que diera en un salón de esta Ciudad, una función la que se realizó en medio del mas franco aplauso. Don Andrés nunca olvidó el gesto del amigo y tuvo siempre en el Doctor PADILLA a un entusiasta consejero y colaborador.Por eso le dedicó un “estilo-cancion”: “La Randera Tucumana”.-


    Registrada en BIBLIOTECA NACIONAL bajo el nº 43/212 Colección Partituras
    Autor personal : Chazarreta, Andrés A.
    Título : La randera tucumana
    DGM : [música impresa]
    Edición : [s.d.]
    Tipo de partitura : Partitura instrumental vocal
    Lugar de edición : Buenos Aires (Ciudad)
    Editorial : Natalio Héctor Pirovano
    Fecha de edición : 1934
    Extensión : 1 partitura (2 p.)
    Idioma del texto : castellano
    Nota general : Foto de Andrés A. Chazarreta -- Canto oficial para las escuelas de Tucumán -- Estilo criollo
    Materia - género musical : ESTILO
    Materia - especie musical : MUSICA PARA VOZ NO ESPECIFICADA -- MUSICA PARA PIANO
    Otros autores personales : Prebisch, Amalia, Letrista
    Ubicación física : P4APA071103440
    Número inventario : PA180590
    Número de caja : 903

LA TELESITA

LA TELESITA -chacarera-
Música de A.Chazarreta
Letra de Agustín Carabajal

Telesita, la manga mota
tus ropitas están rotas
por la costa del Salado
tus pasos van extraviados.

No preguntes por tu amor
por que nunca lo hallarás
un consuelo a tu dolor
en el baile buscarás.

Por esos campos de Dios
te lleva tu corazón
sin saber que tu danzar
es tan solo una ilusión.

Rezabaile del querer
con su música llamó
pies desnudos bajo el sol
la Telesita llegó.

Estribillo

Y así te verán bailando
loca en cada amanecer
como prendida la danza
muy adentro de tu ser.

Ay! Telésfora Castillo
tus ojos no tienen brillo
lo has perdido tras del monte
o buscando el horizonte.

Con un bombo sonador
y un violín sentimental
un cieguito al encordao
el baile va comenzar.

Tu esperanza se perdió
déle baila y bailar
lleva tu pecho un dolor
pero no sabes llorar.

Pobre niña que un fogón
tu cuerpito calcinó
y en la noche de los tiempos
todo el pueblo te lloró.

Estribillo

Y así te verán bailando
loca en cada amanecer
como prendida la danza
muy adentro de tu ser.


AGUSTIN CARABAJAL: También considerado uno de los folcloristas mas reconocidos a nivel nacional. Es el creador del Festival Nacional de la Chacarera, evento que se lleva a cabo todos los años en el Club Unión Santiago. Agustín Carabajal fue uno de los integrantes de Los Carabajal, en los años 70'. Comenzó a desarrollar su pasión por el canto y la música desde aquel glorioso conjunto llamado Los Cantores de Salavina. Es creador de las siguientes canciones: La Telesita, Alma del rezabaile, Pampa de los guanacos, Escondido del cachilo, Fiesta churita, La parecida, entre otras. Nació y falleció en la ciudad de la Banda, Santiago del Estero.

LEYENDA:
Telésfora Santillán o Telésfora Castillo -según las versiones- era una "inocente" que vivió a mediados del siglo pasado en la región del Salado (Departamento Figueroa, Santiago del Estero). Conocida en toda la provincia como alma milagrosa, se la llama en algunos lugares, Telesita, Tele o Telésfora. Una versión cuenta que se trataba de una jovencita de poco raciocinio, que mendigaba y murió quemada al tratar de calentarse junto a un fogón. Otra versión la presenta como a una muchacha que sólo gustaba de bailar y que, atraída por los sones de una caja, se acerco danzando a una fogata, de donde saltó una chispa que prendió en sus vestidos y la carbonizó. En suma, todas las leyendas coinciden en la circunstancia de la muerte trágica. La Telesita es milagrosa porque, entre otros poderes, tiene el de hacer aparecer lo perdido. Si a alguien se le extravía algo, le ofrece una Telesiada, baile con caña y música que se inicia con un chacarera... No se puede cambiar de pareja y se baila hasta caer al piso (por la cantidad de alcohol ingerido o por el cansancio).


Letra de ABEL MONICO SARAVIA

He venido Telesita
como aquel que no hace nada,
a dejarte el corazón
y llevarme tu mirada.

Aquí me tienes vidita
desecho por tus amores
corazón padeciendo
penas de todos colores.

Aunque encerrada te tengan
en calicantos y arena,
si tu amor es como el mío
sabrá borrar las barreras.

Yo te'i de querer vidita
aunque todos se me opongan
soy un gavilán constante,
cuando silbo una paloma.

De vicio te estoy mirando
cara a cara y frente a frente
y no te puedo decir
lo que mi corazón siente.

Telesita, Telesita
la dueña de mis amores
no permitas que me acabe
sin gozar de tu favor.
II
Yo se que me andas queriendo
aunque no me digas nada
lo que no dicen tus labios
me lo dice tu mirada.

Si me quemo no me apagues,
déjenme seguir quemando,
siempre que sean tus amores
los que me estén incendiando.

Ahi tienes mi corazón
dale muerte si tu quieres
pero como estás adentro
si lo matas también mueres.

Mucho me temo vidita
no complacer tus deseos,
si mi corazón se calla
los dos juntos moriremos.

Al cajón en que me entierren
que no lo claven con clavos,
clavalos vos Telesita
con los besos de tus labios.

Telesita, Telesita
la dueña de mis amores
no permitas que me acabe
sin gozar de tu favor.



Don Abel Segundo Mónico Saravia nació en Salta en 1928. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional, para luego graduarse de abogado y doctor en Leyes en la Universidad de La Plata. Su obra poética se basa fundamentalmente en la música. En prosa, cultiva los géneros del cuento y el relato. Su producción de canciones supera los 300 temas, muchos de las cuales fueron grabados por grandes intérpretes de nuestro país. Entre ellos están Horacio Guaraní, Los Chalchaleros y Los Fronterizos, entre muchos otros. Sus composiciones más conocidas son: "La Cerrillana", "Velay no sé" y "Prenda robada".Fue distinguido en Tarija (Bolivia) como ciudadano ilustre, al igual que en Metán (Salta). Falleció el 4 febrero de 2008.

LAS VERSIONES MAS IMPORTANTES SOBRE LA LEYENDA

FELIX COLUCCIO

Cuenta la tradición que Telésfora Castillo, a quien llamaban Telesita, había nacido en Tolojona, en la costa saladina de Santiago del Estero. Era de extraordinaria belleza y ambulaba constantemente por el interior de los bosques, frecuentando algunos boliches donde cantaba y bailaba, habiendo quien asegura haberla visto en la misma ciudad de Santiago del Estero. Los paisanos se acostumbraron pronto a la Telesita, a quien querían por su bondad y sencillez. Pero un día -ellos lo dicen- amaneció quemada en un rancho, habiendo quien afirma haberla hallado muerta en una acequia a tres leguas de la ciudad de Santiago del Estero. Lo cierto es que después de su muerte, la Telesita estaba más cerca de los campesinos que antes y se le han atribuido milagros sorprendentes. Se encomendaban -y aún lo hacen- a ella, ofreciéndole un baile con bombo y violín. Y aseveran que así que se producía una pérdida de algún vacuno o prendas de valor eran robadas se hallaban indefectiblemente después de ofrecerle un baile en el que abundase el aguardiente hervido con poleo. Las reuniones que se hacen en su homenaje se llaman de todo el país, sobre una u otra canonización popular, las conferencias y mesas redondas, así como los libros editados para difundir su conocimiento, algunos exclusivamente sobre una sola canonización, como ha ocurrido con la Difunta Correa, Pancho Sierra o la Madre María.
Telesiadas, y se llevan a cabo en la casa del que ofrece el baile. Se prepara un muñeco de papel o trapo y se lo coloca sobre una mesa o catafalco, simulando así el cuerpo de la Telesita. Cuatro o cinco velas puestas a su alrededor se encienden antes de comenzar el baile. Cuando éste se inicia, el promesante y su mujer bailan siete chacareras seguidas, y entre una y otra se bebe una copa de caña o aguardiente (los dos danzarines). Después se generaliza el baile y corre abundante la caña, cerveza o vino u otra bebida cualquiera. La música se ejecuta especialmente en los siguientes instrumentos: caja, bombo, violín y guitarra.
Las canciones que tradicionalmente se tocan son chacareras, zambas, gatos, etc. También se escuchan "coplas al angelito", es decir, no alusivas a ella. La fiesta termina a la madrugada, hora en que la imagen de la Telesita es quemada ritualmente, para rememorar el triste fin que en vida tuvo la Telésfora.
La Telesita tiene ciertos puntos de contacto en lo que se refiere a la posibilidad de culto y ofrendas, de rescatar lo perdido, con el Negrito del Pastoreo, el Alma del Quemadito y la Difunta Correa en nuestro país, con el Sacy Perere en Brasil y el Señiles de Panamá.



Félix Coluccio:Destacado estudioso de la ciencia del folklore, el profesor Félix Coluccio ha publicado entre otros libros los siguientes: Folklore de las Américas. Fiestas y costumbres de América, Folklore del Noroeste: Paisaje y pintura, con ilustraciones de Tomas Di Taranto, Folklore para la escuela, diccionario de voces y expresiones Argentinas, Fiestas y celebraciones de la República Argentina. Estos dos últimos fueron editados recientemente por Plus Ultra. El diccionario Folklórico Argentino, que ahora nos enorgullece presentar, es una de las contribuciones más serias que se hallan realzado sobre el tema.


RICARDO ROJAS- de su libro "El país de la Selva"
Requirió el capataz sus armas, y caminó tras el paloapique, por la orilla laguna. Llegaban del callejón bullentes ecos, y hasta la tranquera del corral los visionarios perros atropellábanse toreando. Nada se discernía, sin embargo, a pesar de la noche diáfana. Algunos sauces lacios sombreaban la opuesta margen, hasta donde se extendía el agua, aplanada en quietud de espejo. De súbito, varios patos domésticos que dormitaban por allí,se despertaron parpando pavores a la desaforada, cuando una sombra pasó de fuga bajo aquellos árboles, reflejándose invertidas en el bruñido azogue de la presa. Se hizo largo silencio, el hombre corrió hacia allá, y vió a la aparición, semivestida de harapos, pugnando por safarse de los perros, y apercollándola, gritóle:
_¿Sois de este mundo o del otro?
La luna se arrebujó de nubes en aquel instante; sutil penumbra veló como de intento la campaña, y una carcajada estridente, larga, cromática, respondió a su reclamo.
¡Era la Telesita!
Tiempo hacía que peregrinaba por los bosques tan extraña mujer. Conocida su fama y su bondad, la acogieron caritativamente; pernoctó en el galpón y al día siguiente avióse, para aparecer después a las riberas del Dulce o sobre la costa del Salado. Se llamaba Telefora o Teresa; tenía padres y hermanos; hasta se indicaba el sitio de su cuna: Paaj - yaquitu... Pero tanto había impresionado al alma crédula de la raza su vida vagabunda y excéntrica, que comenzaron por adulterar en diminutivo de leyenda su nombre bautismal, y concluyeron después de su trágica muerte por convertir su espíritu en una especie de Dionisios femenino y sin forma, cuyo culto en la selva era como en la Grecia jubilosa, culto de guirigayes y coplas, de libaciones y danzas.
Yo he visto esas ceremonias.
Habíamos galopado largo trecho del monte, y a fin de que las cabalgaduras descanzaran, nos detuvimos en un rancho, casi a mitad de nuestro camino. Al acercarnos, se sintió la música entre la confusa arbórbola; y columbramos después el grupo de los que en el antepatio de la choza, bailaban a la luz de la luna. Moraba allí una vieja alegre, bien conocida en el lugar, por ser la madre de dos muchachas jóvenes, zarca de ojos la una, morena de tez la otra, y ambas dispuestas siempre, lo mismo para una arunga que para un marote. Siendo sábado esa noche, estaban de fiesta...
Cuando asomamos al corro, un hijo de una señora, jarifo como sus hermanas vino a ofrecerme su anacrónico chambao de aloja, a menos que prefiriese escanciar jinebra, en bote donde habían suxsado ya más de veinte labios.
Danzaban chacareras en aquel momento, y a son de cuerdas, el cantor decía:
Si de cristales fuesen
Los corazones
Qué bien claras se viesen
Las intenciones.
Y uso los pies de la pareja, en la postrer mudanza,chisporrotearon cohotes; zahumóse el aire con el hedor de la pólvora; corvetearon caballos bajo los árboles; sonaron voces y palmoteos en la turba; y así volvió a mostrárseme el cuadro ya conocido de las orgías selváticas. No siendo carnaval , ni reyes, ni noche buena, ni otra alguna de las ocasiones clásicas, pregunté el motivo de la fiesta.
- Es una promesa a la Telesita. - me bisbisó un paisano cuyo bigote en garfio adornaba las ondas comisuras de su boca sensual. Averigué quién era la Telesita, y él respondióme con laconismo rehacio:
- Ánima milagrosa...
Como en ese instante se acercaba el ladino de la casa, él abundó en explicaciones.
- Si usté quiere ganar una carrera, o sanar un enfermo, o encontrar una cosa que se le pierda... vamos: algo que usté desea le hace una promesa a la Santa.
- ¿Promesa de qué?
- De ponerle un baile.
Era su deidad milagrosa, la pobre loca oriunda de esas breñas, santificadas por las devociones. Cuando vivió en el bosque, aparecíase hoy en una estancia, más tarde en otras de comarcas luengas. Salvaba a pie distancias fatigosas, recogiéndose a la vera de los caminos, donde asustaba muchas veces a los viajeros nocturnos, o pidiendo albergue en los ranchos, donde enconde tales jornadas. traba un chuse para dormir, un lienzo para cubrir su engurrunido seno, y para el hambre o la sed de tales jornadas: aloja, charqui, locro, amka, lo que pudiesen darle en el desmantelado chocil. Vagaba sin cesar y sin destino, llevando inoficiosamente a cuestas, sobre el pachquil de la cabeza, de un punto al otro de la selva, carga de leñas y de trastos. La acogieron primero con timidez, en seguida con piedad, al fin con cierta supersticiosa inquietud... Era su rostro bello dentro del tipo de la raza; pero la fijeza anormal de su mirada, cernía sobre su faz algo de lúgubre _ el almaentera náufraga en ancestrales desventuras.
Y agregaba mi interlocutor:
- El promesante paga las velas y los licores.
Entonces preguntábale yo:
-¿y qué se hace en el baile?
A lo cual respondía generosamente:
- Cupar y danzar y cantar... El promesante debe tomar siete copas por Ella... Cuando las velas se acaban, el baile sagrado concluye; pero quienes quieran pueden seguir.
-¿Y las velas?
- Ahí están- y se empinó, señalándome con el índice catorce cabos derretidos y coronados por tantas llamas lívidas que oscilaban, umbral adentro de la oscura choza, sobre una mesa adornada de randas y flores.
El rito encerraba, quizás, mucho de ingenuo, mas en su espíritu era fiel a la tradición. La Telesita había sido alcoholista y aficionada a los bailes. Muchas veces desvió su rumbo al oir en la noche de las espesuras natales, el compás de los bombos. La acogían también allí; y este recuerdo debió inspirar de nuevo en medio de la selva santiagueña, los cultos dionisíacos que originaron la tragedia antigua: no faltaban ni la deidad orgiástica, ni la ronda báquica ni el ditirambo del coro, a cargo aquí de los trovadores populares:
Cuando un pobre se emborracha
De un rico en la compañia:
La del pobre borrachera
La del rico es alegría.
Veíase a las claras cómo se amrgaron allí las supersticiones católicas del milagro, las costumbres paganas del bosque, y la suprema intuición metafísica que adoraba al puro espíritu de la muerta sin haber caído en las formas de un subalterno fetichismo: pues a nadie se le hubiese ocurrido tallar en la madera de sus árboles la efigie de la santa.
-¿Lo ve a ese mozo que está pintando cerca del violinista?- me preguntó después el del coloquio.
-¿Cuál?
- Ese saco blanco ... Bueno: ese mozo estaba muy mal enfermo... ; lo agarró fuerte el costado...; quince días en cama....; ya la médica dijo que no se iba a levantar... Le hicieron una promesa a la Telesita: y ahí lo tiene usté.
Y como en el curso de la conversación preguntasen si ya había concluído la parte religiosa del baile, me respondieron:
- No, señor. Este es más largo porque son dos promesas: la otra fue para que la Telesita hiciera encontrar un caballo de mi primo.
- ¿Y lo encontraron?
- Sí, es ese mala cara que está en el palenque.
Seguían en el corro coplas, músicas, piruetas, contradanzas, aplausos, chundas, zapateadas, libaciones, contoneos, zarabandas y cohotes- mientras el mozo se expedía con tan fácil locuocidad, gracias a los licores que escanciara.
¿Cómo había podido esa vida tan siniestra inspirar este culto tan alegre? ... Fueron los días de la Telesita, torvas ambulaciones de neurosis concluidas en un desenlace de tragedia. Recorrió los senderos como una sombra de delirio. Lo despeinado de su breña encuadraba en hirsutos aladares el rostro lleno de inconciencia mística. Impresionaban la orfandad de su suerte, sus peregrinaciones angustiosas, la noche trágica de sus ojos, su mutismo habitual y siniestro, su castidad incólume, y la juventud que ardía como una llama lóbrega sobre su sexo ya marchito... Iba descalzo el pie, de sudores tringosa la vestidura, y raída por la hostilidad de los ramajes... Hasta que cierto día su cuerpo nómade se extinguió en un incendio de árboles, de donde su alma taumaturga surgió beatificada por el espíritu del fuego.
Encaminándose por el bosque en una de sus habituales peregrinaciones murió quemada, según la tradición. Marchaba por su ruta, aquella tarde de invierno, aterida de frío, cuando vio resplandecer a lo lejos un árbol coronado de llamas. Lo incendiaron, tal vez, a designio, industriales que buscaban carbón; o casualmente propagóse alguna hoguera dejada al pie por otros viajeros de la víspera. La vagabunda se acercó para calentar sus entumecidos miembros, y una lengua de fuego, de las que abrazaban el tronco, lamió el graciento andrajo de su falda, encendiéndola de antuvión. Huyó la desventurada por la ruta, dando gritos atroces; pero el viento contrario de su fuga atizábala cual a una desvastadora tea. Llagada hasta los huesos, flameaban fuegos como alas rojas sobre sus hombros; y en su frente, voraces llamas como cabelleras de furia. Y dijérase que allí, consumida su carne por ese elemento de biblíca purificaciones, su alma desencarnada pudo expandirse mas hermosamente trágica en la infinitud de su demencia, hasta que olvidados los episodios reales de su vida, y perdurables sólo cuanto hubo en ella de extraordinario, el viejo culto de los muertos la erigiese en deidad protectora del bosque donde nació



RICARDO ROJAS -Tucumán, 1882 - Buenos Aires, 1957- Escritor argentino. Estudió en Santiago del Estero, cultivó el periodismo, fue profesor de Literatura castellana y rector de la Universidad de Buenos Aires (1926-1930). Premio Nacional de Literatura y hombre de ideas liberales y democráticas, conoció la persecución política, que le valió una etapa de confinamiento, y representó como embajador a su país en Perú (1955).








ALGUNAS VERSIONES GRABADAS:


Intéprete Título CD
Trío Platino
Raíces Argentinas -
El Chango Nieto Mis 30 mejores canciones CD1 -
Hernán Figueroa Reyes Mis mejores 30 canciones -
Osvaldo Burucuá Paisaje –
Ariel Ramírez - Jaime Torres Inigualables –
Grupo Acha Dame alegría -
Los Carabajal
Jorge Cafrune Recorriendo mi Argentina CD 2
Los Manseros Santiagueños
Hugo Díaz Galopera
Lito Vitale Juntando almas –
Lagos, González, Lapouble, Trío Spicy –
Los Huanca Huá
La Chacarerata santiagueña Levantando polvareda
Los Nocheros de Anta
Los Huanca Huá Los Hijos de la música
Eduardo Avila Folklore
Peteco, Cuti, Roberto, Musha y Cali Carabajalazo
Marcelo Perea Piano santiagueño
Los Carabajal Festival de la Chacarera
Juan de Dios Gallo El violín del folklore
Los sin nombre Chacareras de mi pago
Eduardo Avila Maestro santiagueño
Jorge Luis Carabajal Jorge Luis Carabajal
Los Carabajal Entre a mi pago sin golpear
Los Fronterizos Gratos recuerdos
Carlos Carabajal y Los Carabajal La Telesita
Grupo Huayra Sueños
Yamila Cafrune Tierra vuelvo
Los Manseros Santiagueños 20 grandes éxitos
Jaime Torres Añoranzas
Jaime Torres Nº 1 del charango en el mundo
Los Chaskis
Los Hermanos Toledo De la Banda a Santiago
Hugo Díaz Lo mejor de…
Cuti y Roberto Carabajal ¡A bailar chacareras!
Eduardo Lagos Trío
Lito Vitale - Mono Izaurralde
Raíces Argentinas
Coral de las espigas Llegan por la siembra
Roque Jubí Fernández
Yamila Cafrune En Vivo
Miguel Angel Estrella Corazón al sur
Cuti Y Roberto Carabajal 100 Chacareras
DNI Folklore
Los Nocheros de Anta Los 100 mejores temas del Folclore Vol. 4
Los de Santiago Noches copleras
El Chango Nieto Primer LP
C.Carabajal - M.Mitre – C.Acuña - R.Castro Santiago Manta
Velia Búscame
Los Carabajal Santiago madre de chacareras
Luis Chazarreta Guitarrero
Carlos M. Rodríguez Homenaje a Hugo Díaz
Ariel Ramírez y sus amigos
Los Carabajal - 1970
Luis Saltos A Hugo Díaz
Cacho Tirao Mis mejores 30 canciones CD1
Bolivia Trío
Manuel Monroy Chazarreta El Papirri a full en guitarra
Emilio Solla Y Afines Folcolores
Los Hermanos Abalos Los esenciales
Rodolfo Dalera Tierra noble







Cuando el campo santiagueño se vestía de alegría
para acercar la gente hasta el festejo,
el dueño de casa golpeaba su bombo legüero
para que a la legua la gente supiera donde era el encuentro.
Entonces ya no importaba ni el calor ni la distancia,
y al compás del viejo bombo por el camino llegaban.
Que baile la Telesita... desde un costado gritaban,
y la niña mariposa por el costado bailaba.
Ay!, Telésfora Castillo que pasión cuando danzabas
para olvidar los diablillos de tu cabeza alocada.
( “Que baile la telesita” de Víctor Hugo Yunes Casillo)


Telesita la llamaban y era la danza hecha carne,
pájaro en vuelo de ritmo que hacía nido en los bailes.
Bailámelo Telesita, le pedía tal vez alguien
y la huérfana danzaba lejos del ruedo del baile.
La nombraban las vidalas,insomnes de carnavales
y la llamaban los bombos sonando en las soledades,
En el monte santiagueño se hundió en las eternidades,
en silencio florecido de yuncas y jaguares.
Desde entonces el pueblo, el pueblo la hizo santa, santa sin altares.
Y la gente se reúne para rezaele y bailarle.
Telesita, Telesita, santa laica trashumante,
di qué milagros obran cuando te ofrecen un baile.
(“Romancero del Canto Nativo”- Damiro Coronel Lugones)

De fiesta toda la noche al dulce brillo de las estrellas
bailaba la Telesita, que era la danza, que era la reina
Que baile la Telesita dulce y fragante como las flores
gritaba la paisanada emborrachada de amores
Que busca la pobrecita tal vez la danza le de un consuelo
tu pollera remolino, tus pies descalzos, trompo de fuego
Telesita, Telesita te has vuelto lluvia, te has vuelto luna
te has vuelto flor de los campos te has vuelto brisa que me perfuma
(“Alma de rezabaile” Agustín y Carlos Carabajal)

El día viene llegando y el cieguito ya se va.
Se ha muerto la Telesita de tanto y tanto bailar y bailar.
De dónde viene ese viejo ha de ser el mismo Súpay.
Dicen que se ha quedado ciego de tanto llorarla a la Telesita.
Y el ciego con su violín por el camino vendrá
tocando esta chacarera para que baile la Telesita.
(“Chacarera del violín” – Hermanos Simón)


Cuentan de una bailarina llamas en su corazón
era incendiada madera golpes de una quemazón
Telesita, Telesita se baila tu tradición
son siete las chacareras regaditas con alcohol
(“Digo la Telesita” Marcelo Mitre)

Santiago noble provincia enduendada de leyendas
voy a hundirme en tus arcanos en busca de tus creencias.
Santiago, vino y garganta de las coplas vidaleras.
La llamaban Telesita alma de los bailes era
murió quemada en el monte hoy su nombre se venera
es santa de los perdidos y habita en la chacarera.
(“Tradiciones Santiagueña” – Pablo R. Trullenque)


La telesita- versión - Hugo Díaz- (fragmento)


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IMPORTANCIA DE SU OBRA

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Hoy mas que nunca, cuando nuestro Folklore sigue en pié de lucha contra las diversas expresiones que nos llegan de afuera, resurge la importancia de la labor primordial de don Andrés: LA DE HABER RECOPILADO Y RESCATADO DEL OLVIDO, LAS EXPRESIONES CULTURALES DE NUESTRA TIERRA.

Todo aquello que permanecía en la quietud del rancho, en la placidez de la llanura, en la hondura del bosque, estaban esperando quién abriera otra picada y llegara hasta ellos para acercarlos a la luz de otros ojos en su propia Patria.

Y el destino reservó esta misión a don Andrés, quien los supo descubrir como valores del espíritu y proyectarlos hasta la gran Ciudad evitando con ello que el tiempo los apagara para siempre. Don Andrés fue criollo de ley. En él se conjugaron -en íntimo abrazo- la humildad del cristiano y la altivez indomable del gaucho.

Cumplió el imperativo histórico de “hacer patria”, pues salvó del caos el cuño nacional que agonizaba entre las corrientes de aluviones musicales importados. Desde su humilde puesto de Maestro e Inspector de escuelas, cabalgó la tierra santiagueña para rescatar del olvido las Danzas y Cantares dejándonos desde su faz creadora mas de 400 piezas musicales publicadas en Once álbumes.
Entre esas obras de recopilación podemos mencionar, desde la histórica Zamba de Vargas hasta las danzas como El Cuando, La Firmeza, El Escondido, La Arunguita, la Mariquita, El Triunfo, El palito, la Lorencita Los Amores, El remedio, la remesura, El Pala-Pala, etc. Y entre temas de su autoria, La Telesita, Criollita Santiagueña, El 180, Santiago del Estero, Mañana de Mañanitas, Siete de Abril, A Orillas del Dulce, etc.-




Y la importancia de su labor no se limita a la RECOPILACION Y CREACION DEL FOLKLORE, sino que va más allá, es decir a la PROYECCION FOLKLORICA Ello por cuanto fue el pionero en “proyectar” sobre un escenario las danzas y canciones que se interpretaban en el campo, llevando lo nuestro a los grandes centros culturales, paseándolo bajo las luces y en los salones demasiados anarquizados por las cosas foráneas.

Sus zambas, sus chacareras, gatos, danzas, sus amadas vidalas, eran para él los himnos de su raza. Llevaba en su acento el dolor de su pueblo, su amargura, su angustia, su esperanza, su alegría y la identidad de sus hermanos que no podía ser desvirtuada con innovaciones. Como bien dijo don Homero Manzi “Chazarreta conocía por derecho de sangre el sabor de los jugos que nutren el cancionero de la tierra. Por que él era Pueblo y traía de las raíces ese difícil arte de captar las voces, de percibir los silencios, de valorar los ritmos, con la simplicidad de lo común y la sencillez de lo cotidiano.”

Por eso él ganó la GRAN BATALLA para instaurar y dar a conocer nuestro acervo en momentos en que una sociedad hostil consideraba esta expresión como algo propio de sectores incultos. Chazarreta ejerció una profunda renovación de la espiritualidad de nuestras capas populares y también incidió fecunda y positivamente en niveles superiores de la cultura argentina.-

Ricardo Rojas al presenciar el debut de Chazarreta en el teatro Politeama de la Capital Federal en el año 1921, entre otros conceptos, dijo: “A más de los coros de las vidalas y de los bailes, consiste el repertorio de esta empresa genuinamente argentina, la obra musical del señor Chazarreta, autodidacta y folklorista de mérito, a quien la



República debe la recolección de estas músicas populares y la tentativa de transplantar el repertorio estético de nuestros campos a la escena teatral de las ciudades. Obra tan meritoria, de enorme trascendencia para la nacionalidad, merece el apoyo del pueblo, de cuyo espíritu vienen esas creaciones, y de las clases ilustradas, de cuya previsión depende el porvenir de la patria. El espectáculo que hoy se ofrece al público de Buenos Aires no defraudará ni la curiosidad, ni la emoción de quienes vayan a verlo con simpatía. El conjunto folklórico organizado por Chazarreta con arduos afanes y sin apoyo oficial, es un trozo de la vida del interior transplantado a la ciudad cosmopolita.”

El musicólogo Carlos Vega en sus “Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino” concluye sus veinte capítulos dedicados a Chazareta, señalando: “No importa con qué ideario; no importa si consciente o no de la seria crisis que estaba padeciendo la integridad argentina; no impor­ta por qué caminos; no importa en qué nivel de arte, propiedad y oficio; no importa si lúcido del todo o del todo intuitivo, don Andrés Chazarreta acometió, realizó y llevó hasta sus extremos una empresa de incalculable beneficio para la restauración del espíritu nacional. Fue el hombre de acción. La prédica lanzaba al aire palabras inspiradas y alentadoras; él se lanzó en numerosas jiras por las grandes distancias provinciales y llegó a veces incluso a pequeños pueblos con sus grandes zapateadores ávidos de aplausos, con sus bailarinas pródigas en gracia, con sus cantantes emotivas y profundas. Lo acogieron los más altos intelectuales, las clases medias y los grupos humildes, cada cual por razones propias no previstas siempre. Lo aclamaron y lo acompañaron en su obra los valientes tradicionalistas de la etapa anterior. No fue el único promotor ni estuvo solo; pero si se mide la grandeza por la eficacia, don Andrés Chazarreta, modesto en todo, fue grande sin condiciones y la posteridad debe reconocerle el título de benemérito de la nacionalidad.”

Por eso la noble figura de Andrés Chazarreta sigue proyectándose en la escena argentina con todos los quilates y méritos que prestigian su personalidad de artista, de músico y buceador del caudal folklórico con una entrega total a un sueño que constituyó la razón de su propia vida.-

RICARDO ROJAS


Diario La Nación, de Bs. Aires, 18 de marzo, 1921.

"EL CORO DE LAS SELVAS Y DE LAS MONTAÑAS"

En la escena del Politeama apareció anoche un coro santiagueño, traído expresamente por su director, D. Andrés A. Chazarreta, para ofrecer a la ciudad cosmopolita la sensación auténtica del arte popular argentino.
Cuando se descorrió el telón apareció en el fondo un paisaje de la tierra nativa. El tablado fingía un antepatio de los ranchos donde suelen realizarse las fiestas del pueblo, y a su vera se alzaba la choza de quincha en donde habita el gaucho del bosque. Rodeaban esa cancha los personajes del coro: los músicos a un lado, con sus típicos instrumentos; del otro los bailarines, con sus policromas vestiduras; y en un rincón, la vieja hacendosa junto al mortero de quebracho, que es como un símbolo del hogar en aquella selva dulcisima.
Los músicos, siendo ya gente más civil, vestían el traje urbano, pero los protagonistas de la danza, jornaleros del pago, venían trajeados como para un domingo, según la usanza regional. Los gauchos, sobriamente de negro, con chambergo aludo, blusa abotonada y bombacha que ceñía la caña de la bota. Si es que había alguno de chiripá, ese mostraba calzoncillo blanco, sin criba en la boca del pernil, y casi todos llevaban, como única nota de color, un pañuelo ce- leste atado al cuello, como al desgaire. Las mujeres, en cambio. estaban lucientes, como las primaveras o las aves del bosque, con sus flores, sus vinchas, sus golillas, sus corpiños estrechos, sus anchas polleras de percal floreado. Los tipos eran todos morenos, con el atávico resabio de las razas indígenas, como si nos dieran con orgullo a descifrar en sus rostros el misterio profundo de sus almas, el secreto de la rara belleza que venían a enseñar.
El selecto auditorio – reunido para una audición privada – sintióse de pronto sorprendido. Pasó por la memoria de tal cual espectador la visión de las telas de Gutiérrez Gramajo, el pintor santiagueño, intérprete fidelísimo de aquella misma realidad. Hace más de quince años, en mi libro El país de la selva, yo había pintado también esos paisajes, esos tipos, esas costumbres populares de la tierra donde viví mi infancia. Al contemplar la escena del Politeama, comprendí que estábamos en aquella penumbra deleitable de la emoción colectiva que es el folklore, cuando el espíritu humano va a salir de la realidad para transfigurarse en las esferas del arte. Al comenzar la función, el cuadro vivo, antes inmóvil, se animó de voces y movimientos. La forma cobró un alma. La fila de personajes avanzó con paso lento hacia el auditorio, precedido por la cantora Patrocinio Díaz, que entonaba con voz penetrante los versos de una vidala, coreados por aquella masa hombres y mujeres, como en un drama primitivo. Algunos traían la caja de las fiestas, percutiendo lánguidamente el ritmo de la marcha y de la canción. La tierra antes muda adquiría lenguaje, entrando en la historia por la palabra del hombre.
Temblaban en el aire las notas místicas del arpa, instrumento característico de la región; vibraba el violín, como suele a veces cuando lo tañen en la Salamanca y la brisa nocturna lo lleva por entre las ramas del monte; cantaba en la flauta un eco de las quenas autóctonas, como sobrevivencia espiritual de las razas que abatió la conquista; bordaban su acompañamiento las guitarras, como una reminiscencia de las tradiciones andaluzas; puntuaba el bombo sus acentos profundos, como si en él resonara el corazón de la selva dormida en la noche, y todo aquello se fundía en un solo concierto con las actitudes y las voces – las voces graves de los rústicos mancebos, las voces finas de las dolientes doncellas – espiritualizando a la tierra natal por el misterio del hombre y divinizando al hombre por el misterio del arte. Eso que allí veíamos era lo mismo que los griegos habían visto en el coro dionisíaco, el primitivo drama rústico del cual nació la tragedia.
Hubiera sido absurdo que el auditorio de críticos congregado en el teatro porteño, no intuyese, bajo esas formas sencillas, al genio de vida y de belleza que en ellas alentaba La sala se sintió sobrecogida. La primera sorpresa tornóse franca emoción. Las almas se estremecieron, irguiéronse las cabezas, abrillantáronse los ojos; los aplausos resonaron frenéticos, sin que cesaran ya de repetirse en otros números del singular espectáculo, sobre todo cuando se representaron los bailes regionales, de tanta variedad e intención; o cuando el señor Chazarreta mostróse gran virtuoso en la guitarra, o cuando, cerrando el espectáculo, se oyó una nueva vidala más intensa que la primera. Algunas frases de la señorita Díaz: ¡ Soy santiagueña: ¡ bésame Sol! Dichas con cálida y graciosa ingenuidad ; y algunas frases del coro que comentaba la vidala: Yo soy el alma de estos lugares, dicha con gravedad religiosa, esclarecieron del todo el hondo significado del misterio báquico al cual asistíamos. De otro carácter, menos lírico y más dramático, fue la emoción que suscitaron las danzas.
Tuvo la pampa un baile: el pericón, en cuya ronda melodiosa vibra el cordial sentimiento del gaucho ríoplatense, que en la ociosa abundancia de otros días, hizo de sus pagos una auténtica Arcadia. Tiene también su baile nuestra ciudad cosmopolita: el tango, en cuya apretada cópula se ondula o quiebra en sensual orgasmo la urgencia posesiva de las gentes nuevas. El pericón y el tango han entrado ya en el arte teatral y en los salones, adquiriendo una suerte de ciudadanía estética. Pero esta coreografía que nos viene del norte es distinta del pericón y del tango. Por su variedad de especies y por sus matices de emoción, no sabríamos prever cuál de todos ellos conquistará la preferencia del público. En mi Historia de la literatura argentina he estudiado nuestras especies coreográficas, lo que ellas significan como alegorías dramáticas del destino y del amor.
No repetiré aquí lo que de ellas tengo dicho en aquel libro, pero sí llamaré la atención sobre dos tipos de danza que el repertorio del Politeama nos presenta. La nomenclatura de los bailes del norte argentino sugiere claramente la intención de sus símbolos: el prado, es la invitación galante; el escondido, la esquivez femenina; la zamba, el cortejo erótico; La chacarera, El gato, El marote, remedan el frenesí del amante con su zapateo que se parece a los circulares asedios del gallo; El triunfo, es ya la conquista epónima, coronamiento de la dulce aventura. En dichas danzas, las partes de la pareja no van unidas por el abrazo, y antes, por el contrario hay en la mímodia tal recato gentil, salado, a veces de malicia, que junto con la gracia de las mujeres, impresiona en ellas la delicadeza cortés de las varones. Acaso, entre todas, sea la zamba la que está destinada a un éxito mayor, por la voluptuosidad de la música y la elegancia de los gestos; sin excluir, por ello, a los bailes de zapateado, que aunque son más difíciles, suelen arrebatar a bailantes y espectadores en la loca agilidad de sus movimientos. Ha de llamar la atención de nuestro público – y ya lo impresionó ayer en el Politeama – la pieza que se llama el malambo, baile extraño por su nombre y por su composición, pues no entran en él mujeres, y lo miman tres hombres solos.
Todas las danzas populares tienen su significado (comúnmente erótico), y paréceme que el del malambo sea la rivalidad de dos o más galanes que se disputan una dama, ausente en la figara, pero quizás presente en la rueda que los contempla. La música es monótona, consistente en pocos compases, que se repiten mientras dura la danza, o sea el combate de los rivales; y esa monotonía sugiere ya la obstinación de aquellos tres enamorados. Bailan éstos por turno, como en la tensión lírica suelen cantar por turno los payadores; no hay un dibujo determinado, y la gracia consiste en no repetir los movimientos; de suerte que los pies van diciendo la alegría, la impaciencia, la burla, el furor, la esperanza o la desesperanza de aquellas almas en celo, hasta que alguno se retira maltrecho de la contienda, y alguno queda dueño del campo. Así resulta este pequeño drama una continua creación, piedra de toque del ingenio y de la destreza.
En la compañía del Politeama impresionome, de los tres bailantes, el uno por su alada elegancia, el otro por su vigorosa habilidad, el último por su malicia burlesca, pues con tal claridad mostrábanse en los pies las almas, descubriéndose al propio tiempo en esos rítmicos rasgos los caracteres más comunes del alma santiagueña. El público los aplaudió con justificado entusiasmo, y los más inteligentes espectadores no dejaron de notar la analogía de aquéllos con ciertos bailes populares de Rusia, ni las posibilidades estéticas del malambo como espectáculo escénico, para el día en que esa virginal materia folklórica sea enaltecida por nuestros artistas decoradores. A más del coro de las vidalas y de los bailes nombrados, consiste el repertorio de esta empresa genuinamente argentina en canciones regionales de la señorita Díaz y en la obra musical del señor Chazarreta, autodidacta y folklorista de mérito, a quien la República debe la recolección de estas músicas populares y la tentativa de transplantar el repertorio estético de nuestros campos a la escena teatral de las ciudades. Obra tan meritoria, de enorme trascendencia para la nacionalidad, merece el apoyo del pueblo, de cuyo espíritu vienen esas creaciones, y de las clases ilustradas, de cuya previsión depende el porvenir de la patria. El espectáculo que hoy se ofrece al público de Buenos Aires no defraudará ni la curiosidad, ni la emoción de quienes vayan a verlo con simpatía. El arte, como la vida, ofrece a los hombres algo de lo que cada uno lleva en su propio corazón. Si alguno resultara defraudado, es porque fue con el corazón vacío.
El conjunto folklórico organizado por Chazarreta con arduos afanes y sin apoyo oficial, es un trozo de la vida del interior transplantado a la ciudad cosmopolita. A fuerza de ser una cosa vernácula, resultará para muchos exótica; los que saben sentir, hallarán en ella la ingenua emoción del arte popular, que es como el canto del boyero o el aroma de las flores del aire; los que saben comprender, verán que aquella síntesis de música, baile y poesía, es la misma de que se generó la tragedia helénica, la misma que Wagner admiró como la más pura fuente de su doctrina y de la cual decía Lichtemberge, glosando la obra wagneriana: No es la creación artificial y subjetiva de un individuo de genio, sino el producto de la colaboración del artista con el pueblo. Y puesto que aspiramos a tener un arte glorioso, como signo eminente de nuestra nacionalidad, no olvidemos esa experiencia de todos los grandes pueblos, según la cual necesitamos conservar y elaborar el arte nativo para cuando haya de venir el genio creador que habrá de fecundarlo en la obra definitiva.
Yo guardo gratitud a quienes han recogido nuestras leyendas, que son la superación de la historia, y nuestros mitos, que son la flor de la leyenda, así como a los que han descubierto la belleza de nuestra tierra, sus tipos, sus costumbres. De esas humildes raíces viven los pueblos que aspiran a ser protagonistas en la historia y a dar nuevas formas del arte a la civilización. Por eso creo que las provincias, como Santiago del Estero, donde esa fuente espiritual se ha conservado tan pura, valen tanto para la nacionalidad argentina como las que cuentan en monedas de oro la numerosidad de sus ganados.
Por eso, al oír aquellas músicas del Politeama, se me humedecieron de emoción los ojos, porque me parecía que llegaban ya los días de la promesa, los días de un arte abrevado en los hontanares de nuestro pueblo, tal como tantas veces me lo había anunciado allá en mi tierra aquel coro como de las selvas y de las montañas.-

1921 - DEBUT CAPITAL FEDERAL



A comienzo de 1921, cuando el tango ya contaba con carta de ciudadanía, irrumpe en la metrópolis el folklore santiagueño.
La verdadera música vernácula fue traída de la mano de don ANDRES CHAZARRETA.
El debut tuvo lugar un 17 de Marzo de 1921 en el TEATRO POLITEAMA.
La gracia de los bailarines y las frescuras de las canciones, se ganan de entrada el aplauso del público. Integraban esa Compañía de Arte Nativo, unos treinta gauchos que hicieron un alto en las labores diarias en el campo, para acompañar al Maestro en la conquista de la gran Ciudad, con la humildad y la timidez propia del provinciano que por primera vez salía de su terruño . Guitarras, bombos, mandolín, arpa, flauta, eran la atracción de esta Compañía. Pero el número fuerte era el propio Chazarreta quien ejecutaba su vals “Santiago del Estero” poniendo de relieve su condición de eximio guitarrista.

El comentario de la prensa de esa época fue unánime y coincidente:
“...NUNCA SE VIO EN BUENOS AIRES ALGO TAN NETAMENTE CRIOLLO, TAN TIPICAMENTE NUESTRO...”.
El éxito obtenido por Chazarreta solo puede medirse en la noche de la despedida:

A LOS APLAUSOS DE LA SALA LLENA, SE SUMO UNA LLUVIA DE FLORES QUE CAYERON SOBRE EL ESCENARIO. LA MUSICA NATIVA AL IGUAL QUE EL TANGO, OBTENIA SU CREDENCIAL CIUDADANA.-.




“La Obra de Chazarreta, es, además de obra de emoción y belleza, obra de historia, obra de sociología, por cuanto con ella se puede reconquistar para el antiguo solar esplendoroso el presente,
toda vez que como lo afirma Petronio en “El Satiricón”:
El que huye de los suyos se destierra” .
(El Canto Nativo- Diario La Época- 28 de Marzo de 1921)


El Teatro Politeama se encontraba en la avenida Corrientes 1478 esquina Paraná. Contaba con 1300 localidades. Fue construido en 1879 y demolido en 1956.
Aquí se estrenó la obra "Juan Moreira" en pantomima, realización de los Hnos. Carlo, con el elenco de la familia Podestá.
Politeama, significa multiplicidad de espectáculos, con alternación de obras teatrales y circences. Así, se puede reseñar la actuación de la Compañía Lírica del Teatro Colón, el banquete realizado al Gral. Julio A. Roca, la presentación de Adelina Patti, la gran fiesta de la Sociedad Científica Argentina, en 1897, función de honor a Regina Paccini en 1899.
Eva María Duarte A su regreso a Buenos Aires, se incorpora a la Compañía de Pablo Suero, interviniendo en la obra "Las Inocentes", de Lili Hellman, que se estrena el 05 de marzo de 1937, en el teatro Politeama. Se trata de una sátira de Pirandello, dirigida por Armando Discépolo, en compañía de Anita Jordán, Rosa Catá, Carlos Perelli, Eduardo Cuitiño.

CARLOS VEGA

“El acto fundamental, la presentación de la compañía de Chazarreta en Buenos Aires, ocurre el 16 de marzo de 1921 e inaugura el segundo período del movimiento tradicionalista.”

“Llegó a Buenos Aires en el momento exacto, al seno mismo de todas las circunstancias propicias. Lo acogieron los más altos intelectuales, las clases medias y los grupos humildes. No fue el único promotor ni estuvo solo; pero si se mide la grandeza por la eficacia, don Andrés Chazarreta, modesto en todo, fue grande sin condiciones y la posteridad debe reconocerle el título de benemérito de la nacionalidad.”
(
Carlos Vega- “Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino” )


HOMERO MANZI

“Chazarreta conocía por derecho de sangre
el sabor de los jugos que nutren
el cancionero de la tierra...
Por que él era Pueblo y traía de las raíces
ese difícil arte de captar las voces,
de percibir los silencios, de valorar los ritmos,
con la simplicidad de lo común
y la sencillez de lo cotidiano....”

HOMERO MANZI




El flaco y oscuro maestro de la docencia santiagueña, enhorquetado en su zaino criollo, envuelto en su poncho color tierra y con la vihuela debajo del brazo, pudo, así, asomarse a las fiestas populares de la campaña.
Los más apartados rincones de Santiago atrajeron su curiosidad. Las fiestas de Manogasta, los bailes de Figueroa, las trincheras carnavalescas de Añatuya, los velatorios de los ranchos con su maravillosa letanía urdida en quejumbre por las voces ríspidas de las rezadoras y lo coros paganos de la novena. Pero no fué solamente la fiesta de los hombres la que inspiró su acervo. Fue, también, la música del paisaje y la voz de los vientos y el enorme silencio de la noche y las canciones de la selva ancha y misteriosa jaula, donde nutrió la raíz de su arte.
Una vez afirmé que la música de la ciudad estaba trazada sobre el pentagrama oscuro de las pasiones humanas y que en cambio la música de nuestro campo estaba conformada sobre la naturaleza. La música del campo es objetiva; la de la ciudad subjetiva. En la ciudad los bandoneones lloran a cuenta de la pena del hombre; en el campo las arpas y violines rústicos, hablan con la voz del viento, trinan con los pájaros y mueven sus ritmos con el rudo compás de las bestias en galope o con la hamacada euritmia de los pastos castigados en el vaivén de los vientos.
Andrés Chazarreta afirmó su arte en amor por la naturaleza. Es que el santiagueño ama, en primera instancia, a la tierra. Tiene una patria chica para ubicar su corazón, el pago de la castilla o el llajta de la quichua.Buenos Aires vivía sorda a la belleza que destilaba este pueblo mediterráneo en la silenciosa colmena de su vida espiritual. Y un día, hace muchos años, inesperadamente llegó hasta ella don Andrés Chazarreta.
La ciudad grande detuvo su marcha enloquecida, escuchó el milagro de esas voces, comprendió su sentido argentino y se sintió animar por una corriente telúrica que despertaba en su dormida entraña la olvidada raíz nacional.
Esa tarea de Chazarreta, alcanza para cubrir una existencia, para glorificar su nombre, para justificar una vida. Porque él, más que nadie, supo convertirse en el intermediario entre el paisaje lejano de tierra adentro y el alma confusa de la Ciudad. Desde entonces hasta hoy muchos son los que han seguido sus huellas y por suerte para el cancionero de la tierra nativa, cada vez surgen nuevas voces que la interpretan y la universalizan.
Y él mismo, dura su fisonomía de quebracho, algodonados los cabellos en la pasa serena de los años, endurecidos los dedos en el amoroso ejercicio de la guitarra, prosigue infatigable en la santidad de su magisterio. Y cada año, más viejo en la carne y más joven en el alma, baja como lo ríos del norte hasta la gran ciudad y siembra el grano de sus danzas y canciones.
Y los santiagueños que aquí estamos, cerraremos los ojos para volver en musical transporte al pago lejano que no podemos olvidar y donde lucha un pueblo duro, olvidado y lleno de valores espirituales, en medio de un paisaje severo y hermoso. Y en la voz de las vidalas reconoceremos el arrullo de la urpila, despenadora impenitente de las tardes, cuando se abren en colores pálidos las flores del cardón; y reconoceremos en cada danza, en cada ritmo, un pedacito del paisaje agreste, donde ponen adorno los algarrobos; donde cantan las hachas mordiendo la carne dura del quebracho; donde se sufre, se trabaja, se ama, se baila y se canta.-”
(Palabras pronunciadas por HOMERO MANZI, en la fiesta titulada “Tarde Santiagueña” realizada el día 13 de Agosto de 1940, en el salón-teatro de la Escuela Carlos Pelegrini de la Capital FederaL)