PATRIARCA DEL FOLKLORE ARGENTINO

PATRIARCA DEL FOLKLORE ARGENTINO

IMPORTANCIA DE SU OBRA

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Hoy mas que nunca, cuando nuestro Folklore sigue en pié de lucha contra las diversas expresiones que nos llegan de afuera, resurge la importancia de la labor primordial de don Andrés: LA DE HABER RECOPILADO Y RESCATADO DEL OLVIDO, LAS EXPRESIONES CULTURALES DE NUESTRA TIERRA.

Todo aquello que permanecía en la quietud del rancho, en la placidez de la llanura, en la hondura del bosque, estaban esperando quién abriera otra picada y llegara hasta ellos para acercarlos a la luz de otros ojos en su propia Patria.

Y el destino reservó esta misión a don Andrés, quien los supo descubrir como valores del espíritu y proyectarlos hasta la gran Ciudad evitando con ello que el tiempo los apagara para siempre. Don Andrés fue criollo de ley. En él se conjugaron -en íntimo abrazo- la humildad del cristiano y la altivez indomable del gaucho.

Cumplió el imperativo histórico de “hacer patria”, pues salvó del caos el cuño nacional que agonizaba entre las corrientes de aluviones musicales importados. Desde su humilde puesto de Maestro e Inspector de escuelas, cabalgó la tierra santiagueña para rescatar del olvido las Danzas y Cantares dejándonos desde su faz creadora mas de 400 piezas musicales publicadas en Once álbumes.
Entre esas obras de recopilación podemos mencionar, desde la histórica Zamba de Vargas hasta las danzas como El Cuando, La Firmeza, El Escondido, La Arunguita, la Mariquita, El Triunfo, El palito, la Lorencita Los Amores, El remedio, la remesura, El Pala-Pala, etc. Y entre temas de su autoria, La Telesita, Criollita Santiagueña, El 180, Santiago del Estero, Mañana de Mañanitas, Siete de Abril, A Orillas del Dulce, etc.-




Y la importancia de su labor no se limita a la RECOPILACION Y CREACION DEL FOLKLORE, sino que va más allá, es decir a la PROYECCION FOLKLORICA Ello por cuanto fue el pionero en “proyectar” sobre un escenario las danzas y canciones que se interpretaban en el campo, llevando lo nuestro a los grandes centros culturales, paseándolo bajo las luces y en los salones demasiados anarquizados por las cosas foráneas.

Sus zambas, sus chacareras, gatos, danzas, sus amadas vidalas, eran para él los himnos de su raza. Llevaba en su acento el dolor de su pueblo, su amargura, su angustia, su esperanza, su alegría y la identidad de sus hermanos que no podía ser desvirtuada con innovaciones. Como bien dijo don Homero Manzi “Chazarreta conocía por derecho de sangre el sabor de los jugos que nutren el cancionero de la tierra. Por que él era Pueblo y traía de las raíces ese difícil arte de captar las voces, de percibir los silencios, de valorar los ritmos, con la simplicidad de lo común y la sencillez de lo cotidiano.”

Por eso él ganó la GRAN BATALLA para instaurar y dar a conocer nuestro acervo en momentos en que una sociedad hostil consideraba esta expresión como algo propio de sectores incultos. Chazarreta ejerció una profunda renovación de la espiritualidad de nuestras capas populares y también incidió fecunda y positivamente en niveles superiores de la cultura argentina.-

Ricardo Rojas al presenciar el debut de Chazarreta en el teatro Politeama de la Capital Federal en el año 1921, entre otros conceptos, dijo: “A más de los coros de las vidalas y de los bailes, consiste el repertorio de esta empresa genuinamente argentina, la obra musical del señor Chazarreta, autodidacta y folklorista de mérito, a quien la



República debe la recolección de estas músicas populares y la tentativa de transplantar el repertorio estético de nuestros campos a la escena teatral de las ciudades. Obra tan meritoria, de enorme trascendencia para la nacionalidad, merece el apoyo del pueblo, de cuyo espíritu vienen esas creaciones, y de las clases ilustradas, de cuya previsión depende el porvenir de la patria. El espectáculo que hoy se ofrece al público de Buenos Aires no defraudará ni la curiosidad, ni la emoción de quienes vayan a verlo con simpatía. El conjunto folklórico organizado por Chazarreta con arduos afanes y sin apoyo oficial, es un trozo de la vida del interior transplantado a la ciudad cosmopolita.”

El musicólogo Carlos Vega en sus “Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino” concluye sus veinte capítulos dedicados a Chazareta, señalando: “No importa con qué ideario; no importa si consciente o no de la seria crisis que estaba padeciendo la integridad argentina; no impor­ta por qué caminos; no importa en qué nivel de arte, propiedad y oficio; no importa si lúcido del todo o del todo intuitivo, don Andrés Chazarreta acometió, realizó y llevó hasta sus extremos una empresa de incalculable beneficio para la restauración del espíritu nacional. Fue el hombre de acción. La prédica lanzaba al aire palabras inspiradas y alentadoras; él se lanzó en numerosas jiras por las grandes distancias provinciales y llegó a veces incluso a pequeños pueblos con sus grandes zapateadores ávidos de aplausos, con sus bailarinas pródigas en gracia, con sus cantantes emotivas y profundas. Lo acogieron los más altos intelectuales, las clases medias y los grupos humildes, cada cual por razones propias no previstas siempre. Lo aclamaron y lo acompañaron en su obra los valientes tradicionalistas de la etapa anterior. No fue el único promotor ni estuvo solo; pero si se mide la grandeza por la eficacia, don Andrés Chazarreta, modesto en todo, fue grande sin condiciones y la posteridad debe reconocerle el título de benemérito de la nacionalidad.”

Por eso la noble figura de Andrés Chazarreta sigue proyectándose en la escena argentina con todos los quilates y méritos que prestigian su personalidad de artista, de músico y buceador del caudal folklórico con una entrega total a un sueño que constituyó la razón de su propia vida.-

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