PATRIARCA DEL FOLKLORE ARGENTINO

PATRIARCA DEL FOLKLORE ARGENTINO

LA TELESITA











LA TELESITA -chacarera-
Música de A.Chazarreta
Letra de Agustín Carabajal

Telesita, la manga mota
tus ropitas están rotas
por la costa del Salado
tus pasos van extraviados.

No preguntes por tu amor
por que nunca lo hallarás
un consuelo a tu dolor
en el baile buscarás.

Por esos campos de Dios
te lleva tu corazón
sin saber que tu danzar
es tan solo una ilusión.

Rezabaile del querer
con su música llamó
pies desnudos bajo el sol
la Telesita llegó.

Estribillo

Y así te verán bailando
loca en cada amanecer
como prendida la danza
muy adentro de tu ser.

Ay! Telésfora Castillo
tus ojos no tienen brillo
lo has perdido tras del monte
o buscando el horizonte.

Con un bombo sonador
y un violín sentimental
un cieguito al encordao
el baile va comenzar.

Tu esperanza se perdió
déle baila y bailar
lleva tu pecho un dolor
pero no sabes llorar.

Pobre niña que un fogón
tu cuerpito calcinó
y en la noche de los tiempos
todo el pueblo te lloró.

Estribillo

Y así te verán bailando
loca en cada amanecer
como prendida la danza
muy adentro de tu ser.

AGUSTIN CARABAJAL: También considerado uno de los folcloristas mas reconocidos a nivel nacional. Es el creador del Festival Nacional de la Chacarera, evento que se lleva a cabo todos los años en el Club Unión Santiago. Agustín Carabajal fue uno de los integrantes de Los Carabajal, en los años 70'. Comenzó a desarrollar su pasión por el canto y la música desde aquel glorioso conjunto llamado Los Cantores de Salavina. Es creador de las siguientes canciones: La Telesita, Alma del rezabaile, Pampa de los guanacos, Escondido del cachilo, Fiesta churita, La parecida, entre otras. Nació y falleció en la ciudad de la Banda, Santiago del Estero.

LEYENDA:
Telésfora Santillán o Telésfora Castillo -según las versiones- era una "inocente" que vivió a mediados del siglo pasado en la región del Salado (Departamento Figueroa, Santiago del Estero). Conocida en toda la provincia como alma milagrosa, se la llama en algunos lugares, Telesita, Tele o Telésfora. Una versión cuenta que se trataba de una jovencita de poco raciocinio, que mendigaba y murió quemada al tratar de calentarse junto a un fogón. Otra versión la presenta como a una muchacha que sólo gustaba de bailar y que, atraída por los sones de una caja, se acerco danzando a una fogata, de donde saltó una chispa que prendió en sus vestidos y la carbonizó. En suma, todas las leyendas coinciden en la circunstancia de la muerte trágica. La Telesita es milagrosa porque, entre otros poderes, tiene el de hacer aparecer lo perdido. Si a alguien se le extravía algo, le ofrece una Telesiada, baile con caña y música que se inicia con un chacarera... No se puede cambiar de pareja y se baila hasta caer al piso (por la cantidad de alcohol ingerido o por el cansancio).

Letra de ABEL MONICO SARAVIA

He venido Telesita
como aquel que no hace nada,
a dejarte el corazón
y llevarme tu mirada.

Aquí me tienes vidita
desecho por tus amores
corazón padeciendo
penas de todos colores.

Aunque encerrada te tengan
en calicantos y arena,
si tu amor es como el mío
sabrá borrar las barreras.

Yo te'i de querer vidita
aunque todos se me opongan
soy un gavilán constante,
cuando silbo una paloma.

De vicio te estoy mirando
cara a cara y frente a frente
y no te puedo decir
lo que mi corazón siente.

Telesita, Telesita
la dueña de mis amores
no permitas que me acabe
sin gozar de tu favor.
II
Yo se que me andas queriendo
aunque no me digas nada
lo que no dicen tus labios
me lo dice tu mirada.

Si me quemo no me apagues,
déjenme seguir quemando,
siempre que sean tus amores
los que me estén incendiando.

Ahi tienes mi corazón
dale muerte si tu quieres
pero como estás adentro
si lo matas también mueres.

Mucho me temo vidita
no complacer tus deseos,
si mi corazón se calla
los dos juntos moriremos.

Al cajón en que me entierren
que no lo claven con clavos,
clavalos vos Telesita
con los besos de tus labios.

Telesita, Telesita
la dueña de mis amores
no permitas que me acabe
sin gozar de tu favor.



Don Abel Segundo Mónico Saravia nació en Salta en 1928. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional, para luego graduarse de abogado y doctor en Leyes en la Universidad de La Plata. Su obra poética se basa fundamentalmente en la música. En prosa, cultiva los géneros del cuento y el relato. Su producción de canciones supera los 300 temas, muchos de las cuales fueron grabados por grandes intérpretes de nuestro país. Entre ellos están Horacio Guaraní, Los Chalchaleros y Los Fronterizos, entre muchos otros. Sus composiciones más conocidas son: "La Cerrillana", "Velay no sé" y "Prenda robada".Fue distinguido en Tarija (Bolivia) como ciudadano ilustre, al igual que en Metán (Salta). Falleció el 4 febrero de 2008.



LAS VERSIONES MAS IMPORTANTES SOBRE LA LEYENDA
FELIX COLUCCIO
Cuenta la tradición que Telésfora Castillo, a quien llamaban Telesita, había nacido en Tolojona, en la costa saladina de Santiago del Estero. Era de extraordinaria belleza y ambulaba constantemente por el interior de los bosques, frecuentando algunos boliches donde cantaba y bailaba, habiendo quien asegura haberla visto en la misma ciudad de Santiago del Estero. Los paisanos se acostumbraron pronto a la Telesita, a quien querían por su bondad y sencillez. Pero un día -ellos lo dicen- amaneció quemada en un rancho, habiendo quien afirma haberla hallado muerta en una acequia a tres leguas de la ciudad de Santiago del Estero. Lo cierto es que después de su muerte, la Telesita estaba más cerca de los campesinos que antes y se le han atribuido milagros sorprendentes. Se encomendaban -y aún lo hacen- a ella, ofreciéndole un baile con bombo y violín. Y aseveran que así que se producía una pérdida de algún vacuno o prendas de valor eran robadas se hallaban indefectiblemente después de ofrecerle un baile en el que abundase el aguardiente hervido con poleo. Las reuniones que se hacen en su homenaje se llaman de todo el país, sobre una u otra canonización popular, las conferencias y mesas redondas, así como los libros editados para difundir su conocimiento, algunos exclusivamente sobre una sola canonización, como ha ocurrido con la Difunta Correa, Pancho Sierra o la Madre María.
Telesiadas, y se llevan a cabo en la casa del que ofrece el baile. Se prepara un muñeco de papel o trapo y se lo coloca sobre una mesa o catafalco, simulando así el cuerpo de la Telesita. Cuatro o cinco velas puestas a su alrededor se encienden antes de comenzar el baile. Cuando éste se inicia, el promesante y su mujer bailan siete chacareras seguidas, y entre una y otra se bebe una copa de caña o aguardiente (los dos danzarines). Después se generaliza el baile y corre abundante la caña, cerveza o vino u otra bebida cualquiera. La música se ejecuta especialmente en los siguientes instrumentos: caja, bombo, violín y guitarra.
Las canciones que tradicionalmente se tocan son chacareras, zambas, gatos, etc. También se escuchan "coplas al angelito", es decir, no alusivas a ella. La fiesta termina a la madrugada, hora en que la imagen de la Telesita es quemada ritualmente, para rememorar el triste fin que en vida tuvo la Telésfora.
La Telesita tiene ciertos puntos de contacto en lo que se refiere a la posibilidad de culto y ofrendas, de rescatar lo perdido, con el Negrito del Pastoreo, el Alma del Quemadito y la Difunta Correa en nuestro país, con el Sacy Perere en Brasil y el Señiles de Panamá.

Félix Coluccio:Destacado estudioso de la ciencia del folklore, el profesor Félix Coluccio ha publicado entre otros libros los siguientes: Folklore de las Américas. Fiestas y costumbres de América, Folklore del Noroeste: Paisaje y pintura, con ilustraciones de Tomas Di Taranto, Folklore para la escuela, diccionario de voces y expresiones Argentinas, Fiestas y celebraciones de la República Argentina. Estos dos últimos fueron editados recientemente por Plus Ultra. El diccionario Folklórico Argentino, que ahora nos enorgullece presentar, es una de las contribuciones más serias que se hallan realzado sobre el tema.
RICARDO ROJAS- de su libro "El país de la Selva"
Requirió el capataz sus armas, y caminó tras el paloapique, por la orilla laguna. Llegaban del callejón bullentes ecos, y hasta la tranquera del corral los visionarios perros atropellábanse toreando. Nada se discernía, sin embargo, a pesar de la noche diáfana. Algunos sauces lacios sombreaban la opuesta margen, hasta donde se extendía el agua, aplanada en quietud de espejo. De súbito, varios patos domésticos que dormitaban por allí,se despertaron parpando pavores a la desaforada, cuando una sombra pasó de fuga bajo aquellos árboles, reflejándose invertidas en el bruñido azogue de la presa. Se hizo largo silencio, el hombre corrió hacia allá, y vió a la aparición, semivestida de harapos, pugnando por safarse de los perros, y apercollándola, gritóle:
_¿Sois de este mundo o del otro?
La luna se arrebujó de nubes en aquel instante; sutil penumbra veló como de intento la campaña, y una carcajada estridente, larga, cromática, respondió a su reclamo.
¡Era la Telesita!
Tiempo hacía que peregrinaba por los bosques tan extraña mujer. Conocida su fama y su bondad, la acogieron caritativamente; pernoctó en el galpón y al día siguiente avióse, para aparecer después a las riberas del Dulce o sobre la costa del Salado. Se llamaba Telefora o Teresa; tenía padres y hermanos; hasta se indicaba el sitio de su cuna: Paaj - yaquitu... Pero tanto había impresionado al alma crédula de la raza su vida vagabunda y excéntrica, que comenzaron por adulterar en diminutivo de leyenda su nombre bautismal, y concluyeron después de su trágica muerte por convertir su espíritu en una especie de Dionisios femenino y sin forma, cuyo culto en la selva era como en la Grecia jubilosa, culto de guirigayes y coplas, de libaciones y danzas.
Yo he visto esas ceremonias.
Habíamos galopado largo trecho del monte, y a fin de que las cabalgaduras descanzaran, nos detuvimos en un rancho, casi a mitad de nuestro camino. Al acercarnos, se sintió la música entre la confusa arbórbola; y columbramos después el grupo de los que en el antepatio de la choza, bailaban a la luz de la luna. Moraba allí una vieja alegre, bien conocida en el lugar, por ser la madre de dos muchachas jóvenes, zarca de ojos la una, morena de tez la otra, y ambas dispuestas siempre, lo mismo para una arunga que para un marote. Siendo sábado esa noche, estaban de fiesta...
Cuando asomamos al corro, un hijo de una señora, jarifo como sus hermanas vino a ofrecerme su anacrónico chambao de aloja, a menos que prefiriese escanciar jinebra, en bote donde habían suxsado ya más de veinte labios.
Danzaban chacareras en aquel momento, y a son de cuerdas, el cantor decía:
Si de cristales fuesen
Los corazones
Qué bien claras se viesen
Las intenciones.
Y uso los pies de la pareja, en la postrer mudanza,chisporrotearon cohotes; zahumóse el aire con el hedor de la pólvora; corvetearon caballos bajo los árboles; sonaron voces y palmoteos en la turba; y así volvió a mostrárseme el cuadro ya conocido de las orgías selváticas. No siendo carnaval , ni reyes, ni noche buena, ni otra alguna de las ocasiones clásicas, pregunté el motivo de la fiesta.
- Es una promesa a la Telesita. - me bisbisó un paisano cuyo bigote en garfio adornaba las ondas comisuras de su boca sensual. Averigué quién era la Telesita, y él respondióme con laconismo rehacio:
- Ánima milagrosa...
Como en ese instante se acercaba el ladino de la casa, él abundó en explicaciones.
- Si usté quiere ganar una carrera, o sanar un enfermo, o encontrar una cosa que se le pierda... vamos: algo que usté desea le hace una promesa a la Santa.
- ¿Promesa de qué?
- De ponerle un baile.
Era su deidad milagrosa, la pobre loca oriunda de esas breñas, santificadas por las devociones. Cuando vivió en el bosque, aparecíase hoy en una estancia, más tarde en otras de comarcas luengas. Salvaba a pie distancias fatigosas, recogiéndose a la vera de los caminos, donde asustaba muchas veces a los viajeros nocturnos, o pidiendo albergue en los ranchos, donde enconde tales jornadas. traba un chuse para dormir, un lienzo para cubrir su engurrunido seno, y para el hambre o la sed de tales jornadas: aloja, charqui, locro, amka, lo que pudiesen darle en el desmantelado chocil. Vagaba sin cesar y sin destino, llevando inoficiosamente a cuestas, sobre el pachquil de la cabeza, de un punto al otro de la selva, carga de leñas y de trastos. La acogieron primero con timidez, en seguida con piedad, al fin con cierta supersticiosa inquietud... Era su rostro bello dentro del tipo de la raza; pero la fijeza anormal de su mirada, cernía sobre su faz algo de lúgubre _ el almaentera náufraga en ancestrales desventuras.
Y agregaba mi interlocutor:
- El promesante paga las velas y los licores.
Entonces preguntábale yo:
-¿y qué se hace en el baile?
A lo cual respondía generosamente:
- Cupar y danzar y cantar... El promesante debe tomar siete copas por Ella... Cuando las velas se acaban, el baile sagrado concluye; pero quienes quieran pueden seguir.
-¿Y las velas?
- Ahí están- y se empinó, señalándome con el índice catorce cabos derretidos y coronados por tantas llamas lívidas que oscilaban, umbral adentro de la oscura choza, sobre una mesa adornada de randas y flores.
El rito encerraba, quizás, mucho de ingenuo, mas en su espíritu era fiel a la tradición. La Telesita había sido alcoholista y aficionada a los bailes. Muchas veces desvió su rumbo al oir en la noche de las espesuras natales, el compás de los bombos. La acogían también allí; y este recuerdo debió inspirar de nuevo en medio de la selva santiagueña, los cultos dionisíacos que originaron la tragedia antigua: no faltaban ni la deidad orgiástica, ni la ronda báquica ni el ditirambo del coro, a cargo aquí de los trovadores populares:
Cuando un pobre se emborracha
De un rico en la compañia:
La del pobre borrachera
La del rico es alegría.
Veíase a las claras cómo se amrgaron allí las supersticiones católicas del milagro, las costumbres paganas del bosque, y la suprema intuición metafísica que adoraba al puro espíritu de la muerta sin haber caído en las formas de un subalterno fetichismo: pues a nadie se le hubiese ocurrido tallar en la madera de sus árboles la efigie de la santa.
-¿Lo ve a ese mozo que está pintando cerca del violinista?- me preguntó después el del coloquio.
-¿Cuál?
- Ese saco blanco ... Bueno: ese mozo estaba muy mal enfermo... ; lo agarró fuerte el costado...; quince días en cama....; ya la médica dijo que no se iba a levantar... Le hicieron una promesa a la Telesita: y ahí lo tiene usté.
Y como en el curso de la conversación preguntasen si ya había concluído la parte religiosa del baile, me respondieron:
- No, señor. Este es más largo porque son dos promesas: la otra fue para que la Telesita hiciera encontrar un caballo de mi primo.
- ¿Y lo encontraron?
- Sí, es ese mala cara que está en el palenque.
Seguían en el corro coplas, músicas, piruetas, contradanzas, aplausos, chundas, zapateadas, libaciones, contoneos, zarabandas y cohotes- mientras el mozo se expedía con tan fácil locuocidad, gracias a los licores que escanciara.
¿Cómo había podido esa vida tan siniestra inspirar este culto tan alegre? ... Fueron los días de la Telesita, torvas ambulaciones de neurosis concluidas en un desenlace de tragedia. Recorrió los senderos como una sombra de delirio. Lo despeinado de su breña encuadraba en hirsutos aladares el rostro lleno de inconciencia mística. Impresionaban la orfandad de su suerte, sus peregrinaciones angustiosas, la noche trágica de sus ojos, su mutismo habitual y siniestro, su castidad incólume, y la juventud que ardía como una llama lóbrega sobre su sexo ya marchito... Iba descalzo el pie, de sudores tringosa la vestidura, y raída por la hostilidad de los ramajes... Hasta que cierto día su cuerpo nómade se extinguió en un incendio de árboles, de donde su alma taumaturga surgió beatificada por el espíritu del fuego.
Encaminándose por el bosque en una de sus habituales peregrinaciones murió quemada, según la tradición. Marchaba por su ruta, aquella tarde de invierno, aterida de frío, cuando vio resplandecer a lo lejos un árbol coronado de llamas. Lo incendiaron, tal vez, a designio, industriales que buscaban carbón; o casualmente propagóse alguna hoguera dejada al pie por otros viajeros de la víspera. La vagabunda se acercó para calentar sus entumecidos miembros, y una lengua de fuego, de las que abrazaban el tronco, lamió el graciento andrajo de su falda, encendiéndola de antuvión. Huyó la desventurada por la ruta, dando gritos atroces; pero el viento contrario de su fuga atizábala cual a una desvastadora tea. Llagada hasta los huesos, flameaban fuegos como alas rojas sobre sus hombros; y en su frente, voraces llamas como cabelleras de furia. Y dijérase que allí, consumida su carne por ese elemento de biblíca purificaciones, su alma desencarnada pudo expandirse mas hermosamente trágica en la infinitud de su demencia, hasta que olvidados los episodios reales de su vida, y perdurables sólo cuanto hubo en ella de extraordinario, el viejo culto de los muertos la erigiese en deidad protectora del bosque donde nació


RICARDO ROJAS -Tucumán, 1882 - Buenos Aires, 1957- Escritor argentino. Estudió en Santiago del Estero, cultivó el periodismo, fue profesor de Literatura castellana y rector de la Universidad de Buenos Aires (1926-1930). Premio Nacional de Literatura y hombre de ideas liberales y democráticas, conoció la persecución política, que le valió una etapa de confinamiento, y representó como embajador a su país en Perú (1955).







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Cuando el campo santiagueño se vestía de alegría
para acercar la gente hasta el festejo,
el dueño de casa golpeaba su bombo legüero
para que a la legua la gente supiera donde era el encuentro.
Entonces ya no importaba ni el calor ni la distancia,
y al compás del viejo bombo por el camino llegaban.
Que baile la Telesita... desde un costado gritaban,
y la niña mariposa por el costado bailaba.
Ay!, Telésfora Castillo que pasión cuando danzabas
para olvidar los diablillos de tu cabeza alocada.
( “Que baile la telesita” de Víctor Hugo Yunes Casillo)

Telesita la llamaban y era la danza hecha carne,
pájaro en vuelo de ritmo que hacía nido en los bailes.
Bailámelo Telesita, le pedía tal vez alguien
y la huérfana danzaba lejos del ruedo del baile.
La nombraban las vidalas,insomnes de carnavales
y la llamaban los bombos sonando en las soledades,
En el monte santiagueño se hundió en las eternidades,
en silencio florecido de yuncas y jaguares.
Desde entonces el pueblo, el pueblo la hizo santa, santa sin altares.
Y la gente se reúne para rezaele y bailarle.
Telesita, Telesita, santa laica trashumante,
di qué milagros obran cuando te ofrecen un baile.
(“Romancero del Canto Nativo”- Damiro Coronel Lugones)
De fiesta toda la noche al dulce brillo de las estrellas
bailaba la Telesita, que era la danza, que era la reina
Que baile la Telesita dulce y fragante como las flores
gritaba la paisanada emborrachada de amores
Que busca la pobrecita tal vez la danza le de un consuelo
tu pollera remolino, tus pies descalzos, trompo de fuego
Telesita, Telesita te has vuelto lluvia, te has vuelto luna
te has vuelto flor de los campos te has vuelto brisa que me perfuma
(“Alma de rezabaile” Agustín y Carlos Carabajal)
El día viene llegando y el cieguito ya se va.
Se ha muerto la Telesita de tanto y tanto bailar y bailar.
De dónde viene ese viejo ha de ser el mismo Súpay.
Dicen que se ha quedado ciego de tanto llorarla a la Telesita.Y el ciego con su violín por el camino vendrá
tocando esta chacarera para que baile la Telesita.
(“Chacarera del violín” – Hermanos Simón)

Cuentan de una bailarina llamas en su corazón
era incendiada madera golpes de una quemazón
Telesita, Telesita se baila tu tradición
son siete las chacareras regaditas con alcohol
(“Digo la Telesita” Marcelo Mitre)
Santiago noble provincia enduendada de leyendas
voy a hundirme en tus arcanos en busca de tus creencias.
Santiago, vino y garganta de las coplas vidaleras.
La llamaban Telesita alma de los bailes era
murió quemada en el monte hoy su nombre se venera
es santa de los perdidos y habita en la chacarera.
(“Tradiciones Santiagueña” – Pablo R. Trullenque)




La telesita- versión - Hugo Díaz- (fragmento)


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